martes, 24 de marzo de 2009
invitación a la locura
Tengo sólo una manera de expresar lo que ocurre cuando atravieso el espejo. Desde allí veo una imagen velada del ser humano, una carne torpe y ciega que habita sobre la tierra. Deambula sin grandes pretensiones como, hambriento, el fuego cuando engulle la madera seca. Siembra la duda el impostor, la desconfianza el incierto, la gula el avaricioso y la envidia el vanidoso. La réplica a esta mezcolanza de carne inhabitada no es otra que la locura. Vivo ingrato por la diferencia que no se expresa, el peso metálico de la mentira y el niño ahogado. Es cierto que un niño se hace adulto cuando empieza a mentir y cuando le engulle el monstruo que habita dentro de él. De monstruos y caretas, incapaces, volubles, bosquejos de ternura si se les da la oportunidad. Debo ser valiente y precipitarme a través del espejo de mis córneas.
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